martes, 20 de octubre de 2015

Tu nombre

Más de 25 años y el recuerdo intacto en la memoria.  
El cabello rizado, los ojos pequeños y brillantes detrás de las gafas, sonrisa desordenada, risa perruna... aquellas patillas de rockabilly y tu ropa 100% black.
El tímido más extrovertido que jamás haya conocido, tan contradictorio como encantador.
La aventura comenzaba rebuscando en el fondo de los bolsillos para comprar medio litro de helado con dos cucharillas. Una mañana de novillos era una eternidad y daba  para contarnos los sueños y mucho más... los tuyos eran de barro y los mios de papel.  El futuro arcilla sin impurezas, una hoja en blanco en donde garabatear.
Desapareciste sin avisar dejando el eco de tu risa y algún chiste inacabado.  Como Elvis, Marilyn o James Dean cruzaste el firmamento fugazmente dejandome en los ojos el brillo de tu estela, la dolorosa estampa de tu caballete vacío y el silencio inquietante del aula muda de risas.
Pudiste ser el mejor de mis amigos pero, se agoto tu tiempo. 
Nunca quise saber en que punto del camino fueron a dar tus huesos, en que lugar se truncaron tus sueños, nunca volví a articular tu nombre...  lo envolví delicadamente y lo guarde en el fondo de mi corazón.  Creída estaba de que lo olvidaría. No fue así, no lo es.  En la tarea de desenpolvar mis dolores te encuentro.  Estas ahí, amigo, siempre estuviste. Esperando pacientemente a que el dolor no me amilane y vuelva a decir tu nombre: Octavio